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jueves 8 diciembre, 2022
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Frente a un nuevo avasallamiento, las voces de los docentes se hacen escuchar.

Pensar en una presencialidad total no es posible. No es posible en nuestras vidas cotidianas, como no lo es en el aula. Cuando la educación es prioridad, indiscutiblemente se abren espacios de debate con aquellas/os que realmente la transitan a diario, cuestión que en la realidad no sucede. Las cientos de respuestas docentes en reacción al protocolo demuestra una vez más, que las voces docentes no son escuchadas.

La educación es un titular, pero está lejos de ser una prioridad. No hay escuelas ni aulas en todo el GCBA que con la totalidad de las/os alumnas/os presentes puedan respetar el distanciamiento mínimo. Ese distanciamiento que no es un capricho, que no es aleatorio y que es requisito indispensable para el desarrollo de cualquier actividad.

Avasallando los protocolos que ellos mismos promovieron desde el inicio de la pandemia y que es aplicado frente a cualquier actividad diaria, no sólo agrupan a niñas/os y docentes en espacios que no permiten distanciamiento sino que además programan la apertura de todos los comedores escolares. Mientras tanto, se le niega a la docencia la transparencia de los actos públicos presenciales con la función de las/os supervisoras/es adjuntas/os como lo han sido históricamente.

La decisión de avanzar a una presencialidad total se desentiende de la realidad y se define acorde a parámetros que no son educativos.
Las escuelas no sólo no están aptas desde lo edilicio, sino que dentro de ellas no hay designaciones de personal acordes a la vorágine de los aislamientos, no hay elementos de seguridad e higiene y no hay personal de limpieza necesario para implementar ningún protocolo nuevo.

Por más intentos del Ministerio de ocultar bajo la alfombra la realidad, volver a las escuelas de manera presencial y total no debiera depender de las elecciones próximas, sino de la realidad que vivimos las/os ciudadanas/os día a día.

Mientras una nueva variante va circulando y la población aún no completa el esquema de vacunación, el virus sigue arrebatándonos vidas. Volver a la presencialidad total, no es posible; porque el virus no entiende de elecciones ni propagandas políticas.

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